La puesta en práctica de políticas neoliberales en Canarias –la privatización de los servicios públicos, la Reserva para Inversiones de Canarias (Ric), el Régimen Específico de Abastecimiento (Rea), la Zona Especial Canaria (Zec)…-unida a una alarmante involución democrática y a la domesticación de los sindicatos mayoritarios, ha configurado el peor escenario posible para la clase trabajadora, y todos los índices no hacen sino corroborarlo: los salarios más bajos, la inflación más alta, las tasas de desempleo más elevadas, los servicios públicos más precarios, un 20 por ciento de los canarios -alrededor de 500.000- viviendo bajo el umbral de la pobreza, la constante degradación medioambiental, una descomunal dependencia exterior, y un largo etcétera. Además, el tripartito –Coalición Canaria, PP y Psoe-, a la vez que bloquea desvergonzadamente su frontera a la migración africana apoya sin reservas el proyecto de los empresarios de convertir el archipiélago en trampolín para el saqueo colonial del continente africano, una plataforma que responde a los intereses del imperialismo gringo (y a los de sus agresivos sindicatos empresariales) que situaría a Canarias en el punto de mira de futuros conflictos bélicos.